Adelanto de la próxima novela

Os dejo un adelanto de la próxima novela en la que estoy trabajando, ambientada de una hipotética España del siglo XXIII. Este fragmento pertenece al capítulo 2 "Alarma por infección". El texto forma parte de un primer borrador, por lo que puede haber diferencias con la versión final:



Alarma por infección

Seguí mirando el alrededor de aquella mujer. Si ella estaba ahí, posiblemente todos los vecinos de mi edificio estarían en aquel grupo de personas…  y tal vez encontraría a mi hijo. Pero por más que encontré caras conocidas, no lo vi. Vi al conserje, un señor ya mayor. Estaba gimoteando mientras la esposa del presidente de la comunidad intentaba plantar cara a uno de los guardias. Le estaba exigiendo poder llamar a su marido y pedía una y otra vez la visita de su médico privado:
—Esto es la zona A. Tengo derechos, señor agente —gritaba intentando hacerse oír entre el barullo generalizado—. Quiero ser examinada por mis médicos particulares. No me iré de la zona sin que ellos dictaminen si estoy contagiada.
—Señora, usted ya no tiene derechos algunos en la zona A. Los infectados no tienen derechos —respondió el guardia con la voz cerrada que salía tras el casco hermético que le protegía de los posibles virus que hubieran por el barrio.
A la mujer del presidente no se bastó aquella excusa y continuó gritando, saliéndose incluso del grupo donde la habían colocado. Entonces fue inmediatamente derribada. Otro guardia apareció tras su espalda y la llenó de golpes con una porra extensible. La tiró al suelo y continuó atestándole golpes hasta que su cara quedó embadurnada de sangre.
El altercado sirvió para que muchos de mis vecinos comenzaran a gritar, a implorar que la dejase en paz. Parecía que iba a matarla a base de hostias en la cara. Pero el guardia no parecía encontrar fin. Continuó pegándola hasta que varios de mis vecinos salieron en su defensa intentando aplacarlo. No sirvió de mucho. Aparecieron más policías y comenzó una especie de batalla absurda de ciudadanos que se valían con sus puños contra un cuerpo especializado que atacó a la población con porras y que los amenazó con armas de fuego.
Aquel momento de confusión lo aprovechó otro de mis vecinos para poder escaparse: el señor Smith. Se trataba de un americano prejubilado que había venido a Madrid porque la zona A de España era más barata que las zonas A de los Estados Unidos. Había vivido toda su vida en regiones altamente conflictivas, con un gran grado de posibilidad de contaminación de virus muy peligrosos. Pero él se jactaba de haber salido ileso. Su vida era una historia de esfuerzo, sacrificio y de éxito al recibir una fortuna inesperada que le traería a España a golpe de talonario… y supongo que para un superviviente como él, su vida no podía acabar repudiado en las regiones olvidadas de un país inferior al suyo, donde la gente vivía mucho peor. Así que aprovechó el momento de confusión y salió corriendo dispuesto a fugarse. Sin embargo no tuvo suerte. Dos disparos, uno en el pecho y otro en la cabeza, derribaron al señor Smith que cayó a escasos metros de la barrera que la policía había abierto. La gente gritó… chillaron como los cerdos cuando los llevan a un matadero. Lloros, ruegos, miradas asustadas… y ahí seguía la señora Gorduras, aferrando a sus chavales entre sus brazos, con el semblante serio. Era como si ya hubiera pasado por una situación como ésta, mientras el resto de mis vecinos vivían con una desesperación que ella no tenía.
Estoy convencido que si esta misma situación hubiera pasado en otro punto de la ciudad, esos mismos vecinos que ahora eran tratados como perros abandonados, hubieran aprobado la actuación de la policía de la salud… Sin embargo, por sus rostros, algo había cambiado. Habían comprendido lo cruel que era el mundo del siglo XXIII y lo injusta que era aquella norma que todos nos habíamos grabado a fuego: «todo por los sanos». Seguramente la mayoría de ellos estarían sanos, pero el margen de seguridad que se trazaba era tan grande, que poco importaba cuántos se llevaban por delante. Si había que amputar una región entera a favor de un todo, se hacía: sin miramientos.

2 comentarios:

  1. Hmm qué curioso... parece que sea una historia de zombis o similar, pero al mismo tiempo no... intrigante

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